lunes, 14 de enero de 2008

ANGEL GONZÁLEZ: Hasta siempre, poeta y maestro.


Quizás el más grande, ya no está...


OBITUARIO

Fallece Ángel González, poeta del compromisoAcadémico de la lengua, recibió el Príncipe de Asturias de las Letras en 1985
El poeta Ángel González falleció el sábado 12 de enero a la edad de 82 años en una clínica de Madrid, según fuentes próximas al literato. González, nacido en Oviedo en septiembre de 1925, era uno de los grandes vates españoles del siglo XX. Ha sido merecedor de premios como el Príncipe de Asturias de las Letras y el Reina Sofía de Poesía Hispanoamericana. Además era miembro de la Real Academia Española.
Su cuerpo será incinerado mañana en el cementerio de San Isidro.
AUDIO - Cadena Ser - 12-01-2008 Javier Rioyo, critico de la Cadena SER, apenado por el fallecimiento de Ángel González : "Se nos muere alguien muy importante" - Ángel González
El blog de Juan Cruz: Ángel "Tenía un sentido muy puro de la amistad", ha dicho el poeta Luis
García Montero en la Cadena SER desde el tanatorio de San Isidro, donde ha sido instalada la capilla ardiente.
Como el propio Ángel González se encargó de aclarar, su poesía responde a que fue "larga y prematuramente adiestrado en el ejercicio de la paciencia y en la cuidadosa restauración de ilusiones sistemáticamente pisoteadas". El comienzo de la Guerra Civil le sorprendió en Asturias. Tras la ruptura del cerco de Oviedo, su hermano decide marcharse a León, donde fue detenido y fusilado por los falangistas. El otro hermano del joven Ángel se exilió y su hermana se quedó sin trabajo.En 1955 presenta su primer libro, Áspero mundo, al Premio Adonais y recibe un accésit. Después le seguirían poemarios fundamentales como Sin esperanza, con convencimiento (1961); Grado elemental (1961), Tratado de urbanismo (1967), Breves acotaciones para una biografía (1971), Prosemas o menos (1983), Deixis de un fantasma (1992) y su último libro, Otoño y otras luces (2001).Quise, a Susana RiveraQuise mirar el mundo con tus ojos / ilusionados, nuevos, / verdes en su fondo / como la primavera. / Entré en tu cuerpo lleno de esperanza / para admirar tanto prodigio desde / el claro mirador de tus pupilas. / Y fuiste tú la que acabaste viendo / el fracaso del mundo con las mías. por Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento.
A.G.