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domingo, 21 de octubre de 2012

Gajos... con algo de zumo



MARIO BENEDETTI - "Gajos"

Puede existir un gajo de corazón
que no traiciona
que lava sus hechizos
en una sangre fiable
que sin pausa bombea
no traiciona
es decir que no sufre cuando sufre
el resto de la hechura
suele haber un gajo de corazón
que se queda cuando todos se van
es decir cuando viajan las piernas
la barriga el pescuezo las rodillas el sexo
un gajo que se queda porque asume su sitio
en las tallas de vera / las salvadas
de un pánico amoroso / las curadas
con bálsamos del alma
el resto del difícil corazón
es más propenso
a la tentación de la lujuria
a la fascinación de los que ganan
a las promesas de los píos
sólo con ese gajo de corazón
que no traiciona
que lava sus hechizos
en la sangre fiable que sin pausa bombea
se puede sobrevivir en el vacío
mientras se aprende a respirar

sábado, 22 de octubre de 2011

Todo empezó en esta tierra



Es un honor estar aquí esta noche, aunque quizá, como el gran maestro Riccardo Muti, no estoy acostumbrado a estar ante un público sin una orquesta detrás. Haré lo que pueda como solista. Anoche no logré dormir, pasé la noche en vela pensando en qué podía decir hoy aquí. Después de comerme todas las chocolatinas y cacahuetes del minibar garabateé unas pocas palabras pero dudo que haga falta referirse a ellas. Obviamente, estoy muy emocionado por el reconocimiento de la fundación. Pero he venido esta noche a expresar otro tipo de gratitud que espero poder contar en tres o cuatro minutos.


Cuando estaba haciendo el equipaje en Los Ángeles me sentía inquieto porque siempre he tenido cierta ambigüedad sobre la poesía. Viene de un lugar que nadie controla, que nadie conquista. Es decir, si supiera de dónde vienen las canciones las haría con más frecuencia. Es difícil aceptar un premio por una actividad que en realidad no controlo. Haciendo el equipaje para venir, cogí mi guitarra Conde, hecha en España hace 40 años más o menos. La saqué de la caja y parecía hecha de helio, muy ligera. Me la puse en la cara y la olí, está muy bien diseñada, la fragancia de la madera viva. Sabemos que la madera nunca acaba de morir y por eso olía el cedro, tan fresco, como si fuera el primer día, cuando compré la guitarra hace 40 años. Y una voz parecía decirme: "Eres un hombre viejo y no has dado las gracias, no has devuelto tu gratitud a quien la merece: el suelo, la tierra, al pueblo que te ha dado tanto. Porque igual que un hombre no es un DNI, una calificación de deuda tampoco es un país. Ustedes saben de mi fuerte asociación con Federico García Lorca y puedo decir que mientras era joven y adolescente no encontré una voz y solo cuando leí a Lorca, en una traducción, encontré una voz que me dio permiso para descubrir mi propia voz, para ubicar mi yo, un yo que aún no está terminado.
Al hacerme mayor supe que las instrucciones venían con esa voz. ¿Y qué instrucciones eran esas? Nunca lamentar. Y si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y de la belleza. Así que ya tenía una voz, pero no tenía el instrumento para expresarla. No tenía una canción. Y ahora voy a contarles brevemente la historia de cómo conseguí mi canción.
Yo era un guitarrista indiferente. Solo me sabía unos cuantos acordes. Me sentaba con mis amigos, bebía y cantaba, pero nunca me vi como un músico o un cantante. Un día, a principios de los años sesenta, estaba de visita en casa de mi madre. Su casa estaba cerca de un parque con una pista de tenis donde íbamos a ver jugar al baloncesto. Era un lugar que conocía de mi infancia. Me paseé por allí y encontré a un joven tocando una guitarra flamenca. Me encantó, estaba rodeado de algunas chicas y me senté a escucharlo, me cautivaba, yo quería tocar así, aunque sabía que nunca lo lograría.
Me acerqué a él y nos entendimos medio en francés medio en inglés y pactamos unas clases en casa de mi madre. Era un joven español. Al día siguiente se presentó. Me dijo: "Déjame escucharte tocar algo". Lo hice y declaró que no tenía ni idea. Él cogió la guitarra, la afinó, me la devolvió y dijo: "No suena mal. Ahora tócala de nuevo". No cambió mucho. La cogió otra vez y me dijo: "Te voy a enseñar unos acordes". Tocó una secuencia rápida de acordes y luego me explicó dónde tenía que poner los dedos y me dijo otra vez: "Ahora toca". Pero fue un desastre.
Al día siguiente, empezamos de nuevo con esos seis acordes. Muchas canciones flamencas se basan en ellos. Al tercer día la cosa mejoró. Aprendí los seis acordes. Al día siguiente el guitarrista no volvió por casa. Dejó de venir. Como yo tenía el número de la pensión donde se alojaba fui a buscarlo para ver que le había pasado. Allí me contaron que aquel español se había suicidado, que se había quitado la vida. Yo no sabía nada de él, de qué parte de España era, por qué estaba en Montreal, por qué estaba en la pista de tenis, por qué se había quitado la vida.
Sentí una enorme tristeza. Nunca antes había contado esto en público. Esos seis acordes, esa pauta de sonido, ha sido la base de todas mis canciones y de toda mi música y quizá ahora puedan comenzar a entender la magnitud del agradecimiento que tengo a este país. Todo lo que han encontrado favorable en mi obra viene de esta historia que les acabo de contar. Toda mi obra está inspirada por esta tierra. Así que gracias por celebrarla porque es suya, solo me han permitido poner mi firma al final de la última página.
Discurso pronunciado por Leonard Cohen en la entrega de los premios Príncipe de Asturias.

sábado, 19 de marzo de 2011

Una nueva primavera


Porque todo puede volver a rebrotar, a pesar de los fríos pasados, a pesar de que todo parecía perdido, la primavera se anuncia y renueva los días venideros.

sábado, 5 de marzo de 2011

Secuencias para la memoria (XXX)

La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra: Lúcido viene de Lucifer, el Arcángel rebelde, el Demonio… Pero también se llama Lucifer el Lucero del Alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse… Lúcido viene de Lucifer y de Lucifer viene Lux, de Ferous, que quiere decir ‘el que tiene luz, el que genera luz que permite la visión interior’… El bien y el mal, todo junto. La lucidez es dolor, y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría, será el placer de ser consciente de la propia lucidez… "El silencio de la compresión del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal".
Pizarnik genial.

Voz de Fernando (O.S.): El lúcido puede seguir viviendo mientras conserve el instinto de la especie, el impulso vital. Es muy posible que con los años esa fuerza instintiva y oscura se pierda. Es necesario entonces apelar a algo parecido a la fe. Hay que inventarse un motivo, una meta que nos permita reemplazar el impulso animal que se ha perdido por una voluntad fríamente racional. Pero esa voluntad es un motor muy difícil de mantener. De repente y sin motivo, se va, se apaga, desaparece. Es entonces cuando se sigue o no se sigue, se puede o no se puede.
Y si no se puede, no hay culpa. No importa el amor de los otros, ni el amor que uno siente por ellos. Si uno no sigue, todo sigue sin uno y sigue igual. Todo pasa, la ausencia pasa. Se conoce a la muerte antes de morir: es un final antiguo, rutinario y común. Es un final deseado que se espera sin temor, porque uno lo ha vivido muchas veces. Todo da igual.

Guión de Lugares Comunes (c) Adolfo Aristarain y Kathy Saavedra, basado en la novela El renacimiento de Lorenzo F. Aristarain

sábado, 27 de noviembre de 2010

Crudo invierno

Llega antes por el frío que con las marcadas hojas de calendario y nos deja ateridos. La expresión de ser una estación "cruda" resuta extraña, como si el tiempo necesitara de cocción, o tal vez por ser el inicio (y también final) de este año de número redondo, que deja fechas para siempre.
Frío y en silencio, el hielo no siempre derretido como el agua en lentitud y la nieve aparecida como el espíritu fosilizado que cubre de blanco los perfiles de las montañas, ésas que no visitaremos hasta la próxima primavera, demasiado lejana ahora.
Igual que le sucede al plantígrado de tres letras, el sueño se perpetúa en un anunciado letargo, tiempo de espera que sigue presente, dormidos los cuerpos mucho antes de la cronología del instante en que se rasga el calendario por el próximo equinocio.
Llega el crudo invierno, vienen los días breves y las noches gélidas casi eternas.
Si pudiera estar más cerca, tal vez encendiendo esta chimenea de palabras que arden y calientan un momento vuestros ojos, iluminando la estancia y creando sombras que suben y bajan al capricho de las llamas. A pesar de tanto invierno, hoy enciendo la chimenea para extender las manos y calentarlas frotando los pies contra este suelo, el que marca el perfil de este gélido horizonte.

domingo, 10 de octubre de 2010

10-10-10

Diez de octubre de dos mil diez
Por si llegáis a tiempo con el día aún sin concluir y con el 10 de "lo perfecto", una fecha como la de hoy no nos puede resultar esquiva, aunque la numerología tenga otras claves, la verdad es que hoy todos nos merecemos un diez.

lunes, 10 de mayo de 2010

Time to say GOODBYE

Goodbye, if there is nobody out there.

Ayer lo recordé entre sueños, hay tanto por recordar en esta película mítica...

jueves, 25 de febrero de 2010

Fracasa todo lo que puede herir


Agustín García Calvo: "En la lengua no manda nadie"

El filólogo retoma su Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje

Mucho antes de que se pusiera de moda la palabra "multidisciplinar" Agustín García Calvo lanzó su proyecto de Escuela de Lingüística, Lógica y Artes del Lenguaje. La idea era reconciliar disciplinas a las que la enseñanza había ido alejando hasta confinarlas en los compartimentos estancos de la filología, las matemáticas y el teatro. 
Por la necesidad de "enriquecerse mutuamente" y para romper las barreras entre las tres disciplinas nació en 1988 esa Escuela -ni escolar ni escolástica-, que duró hasta 1991. Hubo a su amparo tres grandes encuentros de expertos internacionales y la promesa de la Comunidad de Madrid de asegurar su futuro. Promesa rota: "Aquello fracasó, como fracasa todo lo que puede herir. El éxito sólo llega a aquello que no hace daño a nadie, a aquello que sigue la corriente", recuerda García Calvo, que esta tarde presentará el "recordatorio" de la Escuela en un acto que se celebrará a las 19,30 en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. "Vamos a celebrar el recordatorio de los 20 años no sólo de lo que pudo ser, sino de lo que puede surgir en cualquier momento", dice.

jueves, 11 de febrero de 2010

La crisis

Recupero este artículo de Felipe Fernández-Armesto publicado hace unos meses en el diario El Mundo. De todo lo que se ha escrito sobre el problema me parece el único que aborda su origen. Como ocurre desde hace años, la sociedad de hoy trata no ya de maquillar o esconder sino de hacer desaparecer el dolor y la muerte, olvidando que todo lo que existe termina algún día por convertirse en su contrario.

Una sociedad de enfermos imaginarios
12.05.2009

Cuánto vale ese halcón que tiene debajo del mostrador? Alan Bennett, el gran escritor inglés, oyó la pregunta cuando hacía cola en una freiduría del norte de Inglaterra. Desde su puesto en la larguísima cola no podía ver el mostrador, y tuvo que echar a volar su imaginación para deducir cómo podía estar aquella noble bestia atrapada en un sitio tan insólito. ¿Qué extraña circunstancia habría llevado a un halcón a parar debajo del mostrador de una tienda inglesa de pescado empanado y patatas fritas? ¿Se habría muerto el halcón y, echando de menos el inmenso cielo había acabado allí debajo? ¿Lo había disecado el encargado para levantar el interés de los visitantes, situándolo en el mostrador de su tienda? Y, en cualquier caso, ¿cómo podía haber ocurrido aquello?

La inteligencia de Alan Bennett, por fecunda que fuese, quedó inmovilizada ante el enigma que le suponía la presencia del animal en el mostrador, y dedicó los pocos minutos que le quedaban esperando en la cola a pensar en lo difícil que es entender el mundo de hoy, tan lleno de maravillas cambiantes que se multiplican con una rapidez apabullante, sin seguir ningún patrón lógico ni obedecer a ninguna disciplina racional. Cuando llegó al mostrador, Bennett se dió cuenta de que El Halcón no era más que una marca de cerveza.

Desde que oyó la anécdota, mi mujer siempre califica como «un halcón debajo del mostrador» a cualquier aspecto del mundo que nos rodea y que consideramos incomprensible.

Y son muchos. No puedo explicarme, por ejemplo, la popularidad de McDonald's o CocaCola; tampoco la necesidad de tanta burocracia como la que aguantan los españoles o la estupidez de los lectores de Dan Brown. Pero tal vez el aspecto más desconcertante del mundo actual, por ser el más universal, es la excesiva y mórbida preocupación por la salud.

Escribo estas líneas en plena crisis -según dicen los propagadores profesionales de noticias alarmantes- de la supuesta pandemia de la influenza porcina -o gripe A/H1N1, como debemos llamarla para no molestar a los criadores de cerdos-. Resulta que ni es una crisis, ni una pandemia, ni creo que se trate siquiera de una enfermedad grave.

Acabo de escuchar a unas señoras estadounidenses, mientras se tomaban un vinito en la sala VIP del aeropuerto londinense de Heathrow, asegurar que, para tomar precauciones, ni siquiera van a hablar con un mexicano antes de que la enfermedad desaparezca. En el Reino Unido, donde cuando concluyo este texto hay aproximadamente media docena de enfermos, ninguno de ellos gravemente afectado, el Gobierno va a distribuir un panfleto en todos los hogares del país para informar a los ciudadanos sobre las medidas que hay que tomar en caso de caer enfermo. Entre los consejos que propone el Ejecutivo británico está el de formar grupos de vecinos para que si uno de ellos se encuentra en cuarentena, los demás le ayuden a hacer la compra u otros servicios amigables. Por otra parte, en Estados Unidos escuché en la radio a un experto aconsejando a los oyentes que no saliesen del país sin consultar a un médico -y es que en EEUU hay más casos de afectados que en cualquier otro país, incluido México-.

Los más enloquecidos se están poniendo mascarillas, mientras piden cita a los médicos con llamadas ansiosas sobre una gripe que, probablemente, ni les va a afectar, y que en caso de afectarles no les hará mucho daño. A mí supongo que me pondrán en cuarentena ya que cada vez que estornudo -lo que hago a menudo en esta época del año por la concentración de polen- suena al gruñido de un cerdo acatarrado.

Está claro que en el mundo desarrollado pretendemos ser demasiado sanos. Dejar de pensar en nuestras enfermedades nos liberaría para gozar más de la vida. Aceptar con dignidad un poco más de mala salud nos haría más felices, y nos ahorraría mucho dinero. Hoy en día, es absurdo todo lo que se gasta en buscar la salud perfecta. En marzo de este año en España se gastó algo menos de 1.100 millones de euros en medicamentos adquiridos con receta farmaceútica -un aumento de más del 9% respecto al mismo mes del año anterior-. Cabe preguntarse si la población española está sufriendo tanto que no es capaz de aguantar enfermedades a las que nuestros antepasados ni le hubieran hecho caso y por las que, por supuesto, no habrían gastado tanto dinero en medicamentos.

En el Reino Unido, el presupuesto para la salud pública en 2009 asciende al 9% del Producto Nacional Bruto y a más del 16% del presupuesto total. En Estados Unidos, el aumento en gastos relacionados con asuntos de salud está en torno al 6% anual, mientras que la economía se está estancando. La situación es claramente insostenible, y es consecuencia de unos valores cuanto menos extraños, ya que sería más lógico y más útil para la humanidad reducir el presupuesto de la salud pública en los países desarrollados -donde prolongamos nuestras vidas inútilmente y mimamos a nuestros hipocondríacos,- para repartir ese dinero a comunidades en zonas menos privilegiadas del mundo donde sí siguen padeciendo pestes horribles y niveles de mortalidad infantil escalofriantes.

Por supuesto, no invertimos tanto en nuestra salud para estar más sanos: ya estamos sobrada y escandalosamente sanos, y la preocupación por la salud es en sí misma una enfermedad que fomentamos e impulsamos despilfarrando tanto dinero. Nuestros motivos no son sanitarios, ni saludables, sino políticos, sociales, económicos, y psicológicos.

Los políticos buscan votos sobornando a los electores con píldoras y pastillitas. Las instituciones intentan edificar una morada social cuidando y nutriendo una cultura de vocación social. Las industrias farmacéuticas y de ingeniería médica siembran ansiedad por la salud para ganar dinero. La gente quiere medicinas y camas de hospital como muestras del cariño que le falta en sus relaciones con sus parejas e hijos.

En el fondo, la preocupación por la salud responde a nuestra necesidad básica de compartir valores con nuestros conciudadanos. Antes compartíamos patriotismo, religión, ideologías o valores morales. Hoy no nos queda nada de eso. En nuestras sociedades plurales, la sanidad es el único bien que atrae el respeto de casi todos. La salud es nuestra moralidad. Los hospitales y clínicas son nuestros templos. Los médicos son nuestros sacerdotes, y el presupuesto sanitario es la ofrenda que sacrificamos al gran ídolo e ideal de un cuerpo perfectamente sano.

Pensar en la salud de los demás es una virtud, hacerlo en la propia es un vicio. Por supuesto, es imprescindible, si queremos mantener una sociedad eficaz y una economía vigorosa, que dispongamos de una población trabajadora sana y bien nutrida. Para mantener una sociedad que valga la pena tenemos que dedicar un porcentaje suficiente de los impuestos de los ricos a la mejora de la salud de los gravemente enfermos, los niños, los pobres y los menos privilegiados. Pero para conseguir estos fines, no nos hace falta seguir mejorando tratamientos que ya son muy buenos, preocupándonos por alarmas provocadas por enfermedades de desconocido alcance, desarrollando nuevas tecnologías médicas excesivamente complejas y costosas, y gastando más tiempo en consultas y más dinero en los presupuestos sanitarios. Al contrario, tendríamos más dinero para cuidar a los más necesitados si los que estamos relativamente sanos dejáramos de acaparar tantos recursos.

Nos hace falta una revolución en los valores y en las expectativas. Busquemos valores más dignos sobre los que sostener una sociedad plural más allá de ese culto a la salud: la paz, por ejemplo, el respeto, el placer de conocer y experimentar culturas diversas. Dejemos de esperar que nuestra salud sea perfecta. Abracemos a las peripecias de la salud como oportunidades de sufrir callándose y de resistir al egoísmo. Ajustémonos a una vida incierta y peligrosa que pudiera ser corta pero que saldrá por cierto más interesante que una vida entregada al deseo de prolongarse. Enfrentémonos a la muerte como proceso natural, sin temores. Insistamos en no recurrir al médico ni al hospital sino por motivos auténticamente graves. Soportemos los achaques, aguantemos los dolores, las tensiones, las fatigas y los malos humores como episodios normales de una vida sana.

Intentemos seguir llegando a nuestros lugares de trabajo a pesar de los catarros y gripes y otras enfermedades cotidianas. Boicoteemos a las medicinas de marca y los tratamientos excesivamente sofisticados y caros. Renunciemos a la seguridad y la comodidad. Sustituyamos el aprecio a una vida entera, denodada y difícil. Si dejamos de pensar en la salud, seremos más sanos o, por lo menos, no nos daremos cuenta de que no lo somos, que al fin y al cabo es la misma cosa.

Por supuesto, otra gran peste vendrá a exterminarnos o a acabar con la vida de muchos millones de personas. El mundo de los microbios es tan mutable y tan volátil, y la evolución de los virus se desarrolla con tanta rapidez que es inevitable que algún día de estos aparecezca una nueva cepa para desafiar con éxito a todas nuestras medidas de resistencia. Pero la influenza porcina no la es. Hay que tratarla con desdén. Si seguimos reaccionando exageradamente a enfermedades desdeñables, lo más probable es que cuando nos toque la próxima Peste Negra, estemos tan hartos de esas alarmas que acabaremos rindiéndonos al desastre como los oyentes de Casandra o del niño que gritó «¡lobo!».

Felipe Fernández-Armesto es historiador y ocupa desde 2005 la cátedra Príncipe de Asturias de la Tufts University en Boston (Massachusetts, EEUU). Es autor de Los conquistadores del Horizonte. Una historia mundial de la exploración.

sábado, 6 de febrero de 2010

"Ética a Nicómaco" para El EnTrEvErO


EL LIBRO PARA EL 6 DE MARZO (17º Aniversario de El EnTrEvErO)
Ética a Nicómaco o ética nicomáquea (griego Ἠθικὰ Νικομάχεια, transliterado Ethika Nikomacheia;gen.: Ἠθικῶν Νικομαχείων, Ethikōn Nikomacheiōnlatín Ethica Nicomachea) es una obra de Aristóteles escrita en el siglo IV a. C. se trata de uno de los primeros tratados conservados sobre ética y moral de la filosofía occidental y sin duda el más completo de la ética aristotélica. Está compuesto por diez libros que se consideran basados en notas sobre sus ponencias magistrales en el Liceo. La obra abarca un análisis de la relación del carácter y la inteligencia con la felicidad. Junto con el mensaje bíblico judeocristiano, constituye uno de los pilares fundamentales sobre los que posteriormente se erigió la ética occidental.